De crío leí un tebeo que me enseñó algo que aplico a muchas de mis partidas y que puede ser muy útil para follarle la mente a tu mesa de juego.


Se trata del número 19 de Animal Man (un superhéroe del mismo rollo que Batman o Superman).

En ese número sucedía algo que no había visto en ningún otro cómic de superhéroes.

En un momento de la historia, Buddy (el alter-ego de Animal Man) se coloca con peyote.


Como lo oyes.


Esto es bastante acojonante para un tebeo de superhéroes, pero no es lo que quería contarte.

Lo acojonante es que comienza a alucinar y a hablar con una versión alternativa de sí mismo que le dice que sus vidas no son suyas… que hay gente moviendo los hilos, observándoles, controlándoles.
Lo que viene a ser un colocón paranoico de libro.


¿Quién?” , pregunta Buddy.


Y su versión alternativa le dice que se dé la vuelta si quiere descubrirlo.

Así que, viñeta a viñeta vemos a Buddy de espaldas girándose lentamente, como si realmente no quisiera hacerlo. Pero ya ha llegado hasta allí, ¿qué coño va a hacer?


Entonces pasamos la página y en la siguiente nos encontramos con un primer plano enorme del rostro de Buddy con los ojos desorbitados.

De sus labios sale la frase “¡Puedo verte!”.

Como lector tuve unos segundos de desconcierto.
¿Qué estaba pasando? ¿A qué estaba mirando Buddy? ¿Con quién hablaba?



Entonces me di cuenta de que era a mí a quien se lo decía.

Eran a mis ojos a los que estaba mirando.

A los de Mario. No a ningún otro personaje de cómic.

Buddy me miraba a mí.

Puedo verte…

texto transparente backrooms


Cuando la partida mira dentro de ti

Si has leído alguna de las otras aventuras de rol que he escrito (“Los que miran al abismo” , “Panicovisión” o, sobre todo, “Matrioska” ) estarás entendiendo un poco de lo que te hablo.

Atento:

Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti.
Nietzsche


Imagino que cuando Nietzsche escribió esto, no estaba pensando en Dragones y Mazmorras, pero me parece que describe muy bien algo mágico que sucede en contadas ocasiones en las partidas de rol.

Miras a los personajes y estos te devuelven la mirada, como hacía Buddy en el número 19 de Animal Man.

O bien es el escenario el que te devuelve la mirada empapándose de lo que ve y comportándose como una mancha de Rorschach que te enseña lo que llevas dentro.



Normalmente para que esto funcione y se dé en mesa, se requiere un director de juego con altas capacidades para la improvisación y para dar sentido a las aportaciones de sus jugadores hacia algo consistente y satisfactorio.

También hacen falta jugadores que dispongan de herramientas y capacidades parecidas.


No te voy a engañar, esto no es algo nuevo.
Hay tíos como Jared A. Sorensen que han diseñado juegos increíbles (Lacuna es la polla) que buscan algo parecido.

Pero me reconocerás que no es algo al alcance de todas las mesas de juego.
Ese rollo de improvisación salvaje sin ningún cable de seguridad ni red bajo vuestros pies, le funciona a un número muy limitado de personas.

Joder, si hasta hay gente vendiendo manuales de improvisación con ejercicios prácticos como si te tuvieses que preparar unas oposiciones a notario para echarte una partidita.

Tú estás deseando que tus jugadores se pongan en plan introspectivo y todo lo que sacas de ellos es un “le pego un estacazo en la cabeza, tiro el dado”.
Y acabas diciendo cosas como que “la narración compartida y la improvisación no son para nuestra mesa”.


Vale, si descartamos cambiar de amigos y mesa, en lo que a juegos de rol se refiere tenía dos opciones:

Joderme y seguir jugando al estacazo en la cabeza, o crear un escenario que fuera capaz de devolverte la mirada.

Y eso es El secreto de los Backrooms.

El punto de partida comienza con los personajes explorando los Backrooms, una anomalía en la realidad que se ha manifestado en un aeropuerto abandonado.

Según se adentren en este laberinto surrealista, a medio camino entre una peli de David Lynch y un almacén abandonado de Ikea, los personajes irán tejiendo sus recuerdos individuales.

Recuerdos que comenzarán a verse reflejados en un mundo de juego poblado por extrañas criaturas… que tratarán de alimentarse de estos recuerdos.



Algunas preguntas que te puedes estar haciendo:


Muy raro todo, muy de “arte y ensayo”, ¿no?


Menos de lo que parece.

La historia se vive como una miniserie de terror de 3 episodios.

Al final a lo que recuerda es a series como Dark o Lost con un puntito (o unas gotitas) de metafísica.

Pero no faltan momentos de acción y supervivencia al límite; un poco (poco) de investigación y un mucho (mucho) de terror psicológico.

Mi cuñado no ha jugado nunca al rol y estoy pensando en regalárselo, pero…
¿Es posible que sea un juego un poco raro y jodido para un novato?


Para nada.

Cero.

Niente.

El secreto de los Backrooms utiliza un sistema enormemente sencillo y al estar explicado como una miniserie de Netflix (algo que que todo el mundo entiende), se antoja ideal para principiantes. En un solo libro, en muy pocas páginas, tienes un reglamento sencillo y una aventura.

Además el escenario pone mucho empeño en guiarte. Por eso mola tanto lo que ocurre en él, porque te permite improvisar sin soltarte de la mano.

¿Qué voy a necesitar para jugarlo?


Lo que en cualquier otro juego de rol:

Preferentemente cuatro amigos (también valen conocidos, con que no te odien servirá). Lápices, unas hojas impresas, papel en blanco, algo que sirva como contadores (fichas de póquer, monedas, garbanzos…), al menos 6 dados de 6 caras, algo de bebida y comida, y tu marca de preservativos de confianza.

¿Es un escenario railroaded? Mira que a mí lo que me van son los sandbox


Para empezar, si sigues hablando así te van a dar de collejas en clase.

Sobre la trama, sí, es bastante dirigida (sobre todo en el primer capítulo).

Pero es que aunque la trama sea muy (muy) sugerente , lo realmente interesante ocurre dentro de los personajes (ojo, como debería pasar en toda buena historia).
Y eso es absolutamente imposible que se repita de una aventura a otra.

Así que sí, la historia arranca encarrilada pero cada experiencia va a ser única.

Ya, pero es que a mi mesa la improvisación…


Lo que tú digas, no insisto más…

Vale, tú dices que sí… Pero igual luego me pongo y no acabo de saber bien por donde pillarlo.


Bueno, si te sucede algo parecido, te echo una mano.

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Información sobre los Backrooms, el creepypasta que ha infectado multitud de foros e inspirado una peli y que sirve de escenario para la aventura.
Un sistema de juego tremendamente sencillo y narrativo que se explica en 5 minutos (literalmente).
Pero créeme si te digo que el sistema no es lo más importante.
Le metes el de La Llamada de Cthulhu, el de Kult, Hitos, o lo que te rote, y la cosa no cambia en exceso. Únicamente la mecánica de Polas es vital, pero se la puedes agregar a cualquiera de estos otros sistemas sin mayor problema (en el libro te explico cómo).
Una mecánica llamada Polas, auténtico motor de la magia que se produce en tu mesa de juego.
Las Polas te van a ayudar a crear un ejercicio de introspección por parte de los jugadores que se verá reflejado en sus personajes y que a la vez se desparramará por el escenario.

¿Es eso todo?
No, posiblemente el escenario se lo mande a los jugadores de vuelta (recuerda que esta partida mira dentro de ti).

¡Boom!

No, en serio, lo de las Polas funciona tan bien y es tan sencillo, que te vas a poner a hacer tus propias Polas y las vas a querer utilizar en todas tus partidas de horror psicológico.
Un escenario escrito como si se tratase del guion de una apasionante miniserie de tres capítulos. Ideal para apretártelo en una maratón durante una larga tarde de sábado (la pizza la pones tú), o bien para jugarla online en tres sesiones cortas perfectamente controladas.
Cada capítulo vendría a durar aproximadamente 90 minutos.
Cuatro personajes pre-diseñados con los que jugar la partida.
Creo que cuatro es el número perfecto de jugadores (sin contar al director) para este tipo de historia con un punto intimista.
18 Polas evocadoras listas para ser impresas y utilizadas como un elemento del juego. Cada Pola ha sido pensada específicamente para ser un apoyo reconocible por casi cualquier persona (digo el “casi” porque tú y yo sabemos que hay peña súper especial), con la que impregnar a los personajes de una riqueza y humanidad que seguro que no sueles ver en tu mesa.

¿Y qué formato tiene el libro?

El libro tiene… formato libro.
Tapa blanda, a todo color…

Todavía tengo dudas, ¿me cuentas algo más?


Mira colega, cómprate una vida.

Vale guay, con esa última me has convencido, ¿cómo lo pillo?


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Nada más sencillo.

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El Secreto de los Backrooms